miércoles, 5 de septiembre de 2012
martes, 4 de septiembre de 2012
el sábado, mientras el hijo de mi mejor amiga jugaba a que andaba en moto y mi pelo era su manubrio, hablábamos con ella de cuántos días uno se puede quedar en su casa sin salir. ella dice que tranquilamente podría vivir sin salir de su casa y que detesta los días de sol. y que a esta altura de su vida sólo lee obras del siglo XVIII. yo me acordé que una vez leyendo el blog de inés ella contaba que estuvo seis días sin salir de su casa y que había leído muchos libros que tenía pendientes creo que para la facultad. la mayor cantidad de días que estuve sin salir de mi casa fueron tres, un fin de semana largo de invierno y lluvia. luego lo hablé con mi psicoanalista, porque pensé que estar encerrada tres días sin sentir necesidad de nada exterior podría esconder alguna patología. aclaración: no se computan los días que uno no sale de su casa porque está enfermo. juli sabanes también dice que podría vivir sin salir de su casa. y a veces redobla la apuesta y dice que se quedaría además en camisón. también pienso que si fuéramos esquimales estaríamos un montón de tiempo sin salir de nuestras casas. como también les pasa a los nórdicos, por eso cuando ven un rayo de sol hacen picnic aunque haya nieve. alemania es perfecta, pero es gris. a veces pienso que podría vivir seis meses en berlín haciendo cualquier cosa, hasta que vienen a mi mente los días grises plomizos de la europa septentrional. las suecas bajan a buscar a los españoles y si ven un caribeño entran en éxtasis. lo de quedarse en la casa sin salir creo que lo pienso porque me enteré de unas becas que dan para ir a la antártida un mes con un proyecto artístico. me gustaría ir, pero tengo miedo de entrar en pánico y necesitar que pase un colectivo de la línea 59 0 60 y me deje de nuevo en la puerta de mi casa.
ana de Lobos
hola belen
tu post del yoga en el blog me encanto y no me alcanzaba con contestarte ahi
me emocione!
yo empece yoga este mes y es como adictivo, no se si voy al mejor lugar
pero como vos decis es un camino, no quiero ni puedo pretender ya ir al lugar que tiene la posta
tengo que conocer de a poco, voy al centro hatisnapura y la profe me cae bien,
la mejor clase de yoga la tuve en rosario
en un centro gratuito que estaba dos cuadras de mi casa
fue alucinante
el tema de que cuando eras chica hacias yoga
lo pienso tal cual
yo creo que el yoga es innato, creo que alguna vez lo dije en alguna red social
yo hacia yoga de chiquita sola en mi cama, era yoga
lo juro
era eso nomas
te mando un beso y me alegro que te haga bien iyengar
gracias por compartrilo
lunes, 3 de septiembre de 2012
yoga: empecé a practicarlo cuando terminé el colegio, un año después, en 1997. practicaba hatha en la casa de la tía de una amiga en teodoro garcía y ciudad de la paz. éramos tres: la tía de mi amiga, la abuela de mi amiga y yo. el estudio era inmenso. iba a la hora de la siesta. como entraba mucho sol, la tía de mi amiga cerraba las persianas pesadas y creaba el clima adecuado para contar respiraciones y etc. de vez en cuando venía mi amiga también, pero no eran productivas esas clases porque ella se tentaba con las posturas y nos desconcentraba a todas. la tía de mi amiga era matemática y en algún momento decidió dejar las ciencias duras para dedicarse al yoga, obviamente, su entorno la criticaba. más adelante tomé algunas clases salteadas de yoga en un templo budista que hay en belgrano R, pero dejé de ir porque era invierno y no tenía ningún colectivo que me dejara directamente, tenía que tomar dos o caminar. entonces mi amiga ana me recomendó a su amiga caro y con ella empecé a practicar dos veces por semana ashtanga, el yoga más power que probé jamás. lo practiqué por seis meses, en una casa en almagro, con un español que decía que no le parecía normal que los argentinos tomáramos mate todo el tiempo, una arquitecta y la hermana melliza de caro. a veces también venía la novia del hermano de caro, que era productora de películas y bailarina y siempre estaba muy estresada. el ashtanga me puso muy en forma física y mentalmente, y me ayudó a conectarme de nuevo con el ciclo del día y de las cosas, con lo que quería elegir para mí en ese momento. después empecé algún otro trabajo y como ese estudio me quedaba lejos, probé alguna clase de swasthya yoga con cecilia s. pero me sentí muy presionada por el grupo y por los instructores. me acuerdo de que era un viernes a la tarde, terminamos la clase y nos dijeron que nos quedáramos a comer, a ver una película, que fuéramos el sábado de nuevo, que nos comprometamos con la práctica, que era mejor estar ahí que en la calle y otras cosas así. si bien muchas de esas cosas las pienso, el imperativo espiritual me alejó. así fue como hace dos años me acordé de una profesora de yoga que enseñaba un método "raro" por el botánico. había probado alguna clase con ella en 2007-2008, pero después dejé porque empecé a trabajar en el diario. durante un año practiqué tres veces por semana Iyengar. Iyengar es un señor muy viejo (tiene más de 90), de India, a quien a los 15 años le dijeron que tenía mala salud y que no iba a vivir mucho. la historia cuenta que él no se dejó vencer por eso y comenzó a practicar yoga, pero lo reinterpretó: separó las partes de cada postura (ásanas) y les agregó elementos: arneses, tiras, una barra, ladrillos de madera, frazadas, etc. a mí practicar Iyengar con Marisa me cambió la vida, además de la postura ante ella y la postura física, el dormir, el despertar; templa mi espíritu. la disciplina del Iyengar trae tranquilidad a mi vida cotidiana. hace un tiempo, hablando con mi profesora, me contó cuando viajó a India, a Pune, a practicar a un seminario. y también me contó de otro seminario pero medio nazi al que fue en Francia. quiero practicar Iyengar por el mundo y escribir poesía. entre otras cosas. pero lo que quiero señalar es que el camino es largo, no es de un día para otro, como en cualquier práctica, como en el karate o en el arte marcial que practica sofi (sofi, no me acuerdo el nombre de lo que hacés). soy vegetariana hace 13 años, pocas veces lo digo, me parece que es una elección personal GRADUAL. últimamente me cruzo con personas que de un día para otro dejaron de comer carne sin consultar con un médico o nutricionista, y que son muy fundamentalistas. me dicen: ah, a veces comés queso. y sí, a veces como queso. y te digo más: a veces también leche y huevos, porque si es el cumple de alguien no estoy en una esquina chupando un brócoli. CALMA. lo más probable es que dentro de un año estén anémicos. y hayan vuelto a comer carne. volviendo al yoga: si bien lo empecé a practicar guiada en mi adolescencia, de grande me di cuenta de que cuando era chica, 8 años, hacía posturas de yoga (que yo no sabía que eran de yoga)que me aliviaban la espalda (siempre me pesó la espalda). entonces, por ejemplo, relajaba la mitad de mi espalda colgada de la cama, hacía sarvangásana, mezclaba posturas de danza con ejercicios de gimnasia (otro día haré una lista de todas las cosas que hice de chica: desde danza clásica hasta guitarra y gimnasia deportiva). intuitivamente mi cuerpo buscaba esas posturas que escribió en los yoga sutras Patanjali. me estaba olvidando que también practiqué un tiempo con los budistas tibetanos del Bajo Belgrano antes de volver a Iyengar. y lo último: el yoga es uno, como la virgen: no es que hay una de medjugore, otra de luján y otra de guadalupe, hay una que se aparece. bueno, el yoga es uno y los que son muchos son los métodos para enseñarlo.
inés: estoy esperando que me mandes la receta para hacer el pan.
mientras tanto, dejo pegada la tapa de la edición de septiembre de la revista, que acaba de salir. el 19 leeré poesía en el centro cultural san martín. creo que es lo más institucional que hice. porque, ustedes saben, en el mundo de la poesía solemos sentarnos en el piso, pasamos frío y hacemos todo a pulmón. ¿querés ser pobre? sé poeta. nunca podrás vivir de la poesía. en este país, imagino que tampoco en otros países del mundo, aunque conozco sólo algunos. pero si te lo ponés a pensar, un poeta en la sociedad es tan importante como un conductor de tren, un odontólogo o un cantante. alguien tiene que darle poesía al mundo, como alguien tiene que darle música, alimento, cuidar a los niños, enseñar a leer, cocinar.
mientras tanto, dejo pegada la tapa de la edición de septiembre de la revista, que acaba de salir. el 19 leeré poesía en el centro cultural san martín. creo que es lo más institucional que hice. porque, ustedes saben, en el mundo de la poesía solemos sentarnos en el piso, pasamos frío y hacemos todo a pulmón. ¿querés ser pobre? sé poeta. nunca podrás vivir de la poesía. en este país, imagino que tampoco en otros países del mundo, aunque conozco sólo algunos. pero si te lo ponés a pensar, un poeta en la sociedad es tan importante como un conductor de tren, un odontólogo o un cantante. alguien tiene que darle poesía al mundo, como alguien tiene que darle música, alimento, cuidar a los niños, enseñar a leer, cocinar.
viernes, 31 de agosto de 2012
domingo, 26 de agosto de 2012
rock and roll vos
"transportar algo que siente tu alma y tu cerebro para construir algo abstracto que te rodea... Como el amor".
Charly hoy en La Nación
Charly hoy en La Nación
lunes, 20 de agosto de 2012
domingo, 19 de agosto de 2012
viernes, 17 de agosto de 2012
domingo, 12 de agosto de 2012
california
voy a surfear
voy a nadar en el mar
en el océano pacífico
aunque la ola esté tan fría
aunque me arda el hueco de la rodilla
voy a surfear la semicorchea
de este funk
voy a surfear sobre todas las palabras esdrújulas.
la ola,
la suave ola queda atrás,
transparente,
ocean drive
mulholland drive
soy la palmera
bailo el hula hula
mi pelo rubio suelto
castillo de oro para el viento.
a mis vecinos se les rompe la cara
de sonreír tanto
yo avanzo meneando,
recolecto cocos rojos,
la ola viene a mí.
sofía calvano
"la poesía es intercambio"
12.08.2012 | Entrevista a Marina Gersberg
Una plataforma de lanzamiento para nuevos escritores argentinos
Junto a Luciano Lutereau fundó la editorial independiente Pánico el pánico cuyo catálogo incluye a jóvenes ensayistas, poetas, cuentistas y novelistas nacionales. Además de responsable de este proyecto, es poeta.

Hago apología de la literatura independiente", declara con la fuerza del manifiesto vanguardista Marina Gersberg, fundadora y editora, junto a Luciano Lutereau, de la editorial independiente Pánico el pánico, un sello que en los últimos años se transformó, de a poco, en la plataforma de lanzamiento de varios de los autores más interesantes entre los nuevos escritores argentinos.
Con un catálogo que incluye a ensayistas, poetas y novelistas como Sebastián Robles, Juan Terranova, Ariel Idez, Belén Ianuzzi o Lola Linares, el proyecto estético de Pánico el pánico también surgió de una necesidad estética y personal. "Durante una época en la que iba a varios talleres literarios, me reencontré con Luciano Lutereau, mi socio y amigo. Los dos estábamos escribiendo y se nos ocurrió armar la editorial para, en un principio, publicarnos a nosotros. Así sacamos los primeros tres libros. Después fue muy de boca en boca", cuenta Marina, que además de editora es poeta –luego de Bajar de un hondazo (Pánico el pánico), acaba de publicar su segundo libro, Un pedazo de atmósfera (Gog y Magog)– y también psicóloga, especializada en adopción.
–¿Cómo se combinan esos roles tan diferentes a la hora de convertirte en un agente cultural?
–Principalmente soy psicóloga. Igualmente todo se mezcla de una manera natural, mi profesión, mi trabajo, no lo tomo como cosas separadas. A la mañana puedo atender un paciente y a la tarde estar llevando libros para reponer a una librería. Tengo muchas "ventanitas abiertas", no podría ser o hacer sólo una cosa, me aburre.
–Los vínculos entre la palabra como objeto poético y como objeto psicoanalítico, ¿te ayudan a escribir o dificultan el proceso?
–Supongo que me ayudan; el psicoanálisis es una manera de vivir, de pensar, me atraviesa profundamente en todas las cosas que genero, en la escritura por momentos me interpela más ese discurso, pero trato de correrme en algunos casos y en otros juego con eso, es con lo que cuento, mi backup.
–Hay un verso en Bajar de un hondazo que dice "mi vida se rige por los libros que leo". ¿Cómo es esa relación entre tu vida y la literatura?
–Muchísimos libros marcaron mi vida. Soy de las que subrayan los libros con birome, me la paso leyendo. Tengo algunos en la mesa de luz, libros que vuelvo a releer todo el tiempo: La mujer rota de Simone de Beauvoir; El porvenir es largo, de Althusser, y tengo otros para la cartera. Nunca se sabe si tengo que hacer tiempo en algún lado. Lo bueno de viajar en colectivo y no manejar es que podemos leer. Mi hermano, por ejemplo, cuando saqué el registro, me regaló unos audios de Julio Cortázar en un CD para que "no pierda tiempo" manejando. Volviendo al poema, también digo "hace un libro que no te veo", y pienso que tiene que ver con el tiempo. Los libros para mí son refugios, lugares de calma mental, de inspiración, y a la vez me disparan hacia cualquier lado. Soy fetichista del libro.

–El año pasado hice un taller de poesía con Marina Mariasch y tuve ganas de escribir poemas más largos. De un tirón escribí casi todo el libro y, después de un intercambio con ella, me di cuenta de que tenía dos poemas largos. La primera parte, "Pasada de rosca", la escribí mientras me separaba de mi ex novio, y la tercera, "¿Quién se come a quién?", es un poema que habla de mi familia, un mix de infancia y adolescencia. Era algo que quería contar, la adolescencia como pérdida, como transformación; otros poemas fueron surgiendo a lo largo del año pasado. Me gusta pensar que es una especie de duelo. Atravesar el duelo por medio de la escritura, sin hacer catarsis. Me gusta lo autobiográfico, pienso que ahí hay una cierta verdad.
–¿Qué poetas de tu generación te resultan interesantes?
–Un montón: Mariano Blatt, Santiago Pintabona, Marina Mariasch, Belén Iannuzzi, Carlos Godoy. Son escritores que tienen una voz propia. Los releeo mucho, aprendo de ellos todo el tiempo porque los siento cercanos en el sentido de compartir charlas, lecturas. La poesía es intercambio.
–¿Qué dirías que diferencia a Pánico el pánico de otras editoriales independientes?
–En Pánico el pánico todo fluye. Creemos, y hablo por Luciano también, que hay muchos autores y mucha producción y quizá las grandes editoriales no se focalizan en ellos. En la editorial trabajamos en conjunto con los autores, nada se impone. Sí hay un trabajo editoral exhaustivo, pero trabajamos mucho en conjunto. Es puro feedback y dialéctica. Una parte muy importante de Pánico es la estética: queríamos que los libros tuvieran un concepto propio, original, nada hippie, y así fue que nos juntamos con Yamila Kliczkowski, que es la diseñadora, y ella le dio forma al proyecto.
–¿Cómo se plantearon la tarea de construir un catálogo de novelistas, cuentistas, poetas y ensayistas, con los riesgos estéticos y económicos que implica para cualquier editorial?
–Pánico empezó con tres colecciones: poesía, ensayo y narrativa. De manera natural se dio que nos empezaron a llegar más cuentos y nouvelles. Así fue como pensamos en Potlach, una colección de novelas más largas que, por un lado, retoman la época de los noventa no sólo en la temática sino también en cierta manera de contar historias, en la estética de la escritura. Lo de la movida cultural también se fue dando espontáneamente. Casi desde el principio de la editorial organizamos un ciclo de lectura en el Club Cultural Matienzo, una vez por mes. Lo hicimos con la idea de conocer y compartir lo que nos gusta con escritores y músicos, personas con las que compartimos las ganas de que lo que nos gusta circule. «
jueves, 9 de agosto de 2012
mi amiga Dolo me invitó a escribir en Revista Álbum, viajes en bicicleta
"Un álbum con todo lo qué es la bici para nosotras, para nuestros amigos, y para los que conocimos pedaleando.
¿Cómo se siente la vida arriba de una bicicleta?
El contenido de este álbum es una muestra colectiva de textos, ilustraciones, fotografías, anécdotas y videos sobre la relación que tenemos con la bici, las diferentes personas, lugares, sensaciones. Esta edición es una colección sentimental, un collage de impresiones que deja moverse en una bicicleta.
¡Gracias!
Lola y Vero".
Gracias a ustedes. De paso me anoto acá que tengo que conseguir un buen casco y cambiar el asiento de la bici.
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