Ayer, antes de dormir, abrí un atlas, sin ningún motivo claro. Encontré adentro una carta que Sábato me mandó en 2002. Hoy amanecí con la noticia de su muerte. Con seguridad, se plagará la red de gente que lo defenestre porque no era cool. Para mí, sólo dos cosas: la cabeza de Dorrego y el informe de la Conadep.
Buen viaje, Ernesto.
sábado, 30 de abril de 2011
miércoles, 27 de abril de 2011
miércoles, 20 de abril de 2011
yo tenía un blog
en el que escribía poemas, memorias, cositas. ahora lo uso para pegar carteles, porque estoy leyendo los poemas, memorias, cositas que escribo.
martes, 19 de abril de 2011
naranjas de ombligo
El ombligo de las naranjas
Luciana Ravazzani
Ed. Pánico el Pánico
No conozco a Luciana Ravazzani, o probablemente la haya conocido, es decir, visto por primera vez y saludado, algunos minutos antes de sentarme a leer estas palabras frente a ustedes, a quienes tampoco conozco. El ombligo de las naranjas es, entonces, para mí, como la foto de perfil en Facebook de una persona que nunca vi, pero con quien sé que tengo amigos en común. Le doy “aceptar” y empiezo a navegar por sus cosas, por sus pliegues.
En El ombligo de las naranjas, de Luciana Ravazzani, hay poemas domésticos, otros que alimentan las palabras, otros que hablan de privaciones y de habitaciones, hay, también, un bestiario de todos ellos.
Ella dijo: si no pudiera ser persona
me gustaría ser una excepción a la regla.
Él quería estar dentro de las excepciones
para gozar juntos del desconcierto.
La vida doméstica es la de ella y la de él, juntos; la vida son las formas –caprichosas, adorables, complicadas– que va tomando el amor.
No me canso nunca de vos ni de tus pantalones anchos,
no me cansa ninguno de los elementos que te rozan.
Entonces, a partir de esas circunstancias, la autora comienza a trazar una especie de mapa spinetteano del amor, una casa, que es su fortaleza:
Es improbable que él lea un mapa y no lo encuentre
volando entre los vientos pampeanos,
jugando a hundirse en masas frías o cálidas,
aleteando en la marea imprecisa de la niebla.
Leo El ombligo de las naranjas y en el instante inmediato posterior pienso en El ombligo de los limbos, de Artaud. Lo busco en la biblioteca, en el estante que mentalmente llamo “libros de mi juventud”, lo abro y leo: “Allí donde otros proponen obras, yo no pretendo otra cosa que mostrar mi espíritu. La vida es consumirse en preguntas. No concibo la obra como separada de la vida”. Lo cierro, vuelvo a las naranjas. Leo: campos, girasoles, perfume, oídos que se abren como orquídeas, conejas estrellas, repollos como hortensias deshilachadas, papas tuberculosas que crecen debajo de una alfombra, flores de metal en el jardín que se encienden después de una tarde de lluvia, perros de vapor perfumados. Y vuelvo a linkear: él, su él, el él de las naranjas, me recuerda al Mario de Marosa, con sus descripciones manieristas, con aires de infancia y frescura, con versos que se entregan, tranquilos, a la sorpresa. Con imágenes de ensueño también.
Voy por la página 18, leo en silencio, siento que quiero volver a enamorarme. “Amanezco con la confirmación del amor al verlo dormir”, dice, sí, definitivamente quiero enamorarme. “Querer importa un esfuerzo físico”, dice ahora. Asiento y pienso, claro, querer como una acción corporal, al igual que en las poetas hermosas, Silvia Plath o Pizarnik.
El ombligo de las naranjas es el centro de las cosas, la esencia, lo que busca la autora. La esencia, creo yo, está en su propia voz. El ombligo de las naranjas y no la sopa de tomate, ¿por qué darán siempre sopa de tomate?
Si el ombligo de las naranjas es la esencia, la sopa de tomate es, en palabras de la autora, las falsificaciones, los amores a los que llamaba antiguas estafas. Engañarse a sí misma sería como este poema:
Ahora vive en Lourmel.
Cuenta que toma fotografías,
visita museos,
aprende el idioma,
viaja en subterráneo.
Ahora vive en Lourmel.
No cuenta que cena solo en su cuarto,
que apaga la luz muy a menudo,
que le escribe siempre a ella.
No cuenta que nunca recibe respuesta.
En el amor, no hay que engañarse, no hace falta; lo que no puede ser, lo que no es, puede llevar a otras cosas, lleva necesariamente a otras cosas. El amor puede ser difícil, pero no es dark. El destino es un animal invertebrado:
A veces la palabra “no”
es esa puerta de entrada
a todo lo que no es.
Quisiera ver qué hay detrás
de la puerta de salida.
El ombligo de las naranjas es la obra, el amor, es la vida, todos en perfecta fusión.
No la conocía a Luciana Ravazzani, o probablemente la haya conocido, es decir, visto por primera vez y saludado, algunos minutos antes de sentarme a leer estas palabras frente a ustedes, a quienes tampoco conozco. No conocía a Luciana, pero la leí tanto que para mí ya la conozco, porque sus poemas, como en Artaud, no van separados de la vida.
Con Florencia Abadi, presentando el libro de Luciana en El Matienzo.
viernes, 15 de abril de 2011
jueves, 14 de abril de 2011
#findelperiodismo
La marca de Crítica
“Así, lo que había sido una redacción con periodistas organizados según secciones y rangos, colaboradores escribiendo desde sus casas y administrativos se convirtió en un grupo que preparaba el desayuno, limpiaba, juntaba plata en otras redacciones para el fondo de huelga., discutía en asambleas, se acompañaba y se puteaba.
Durante el conflicto, se imprimieron tres ediciones de Crítica de los trabajadores, con notas de sociedad, política, deportes y cultura y un dossier dedicado al conflicto. Entonces, los periodistas se pusieron a vender publicidad y consiguieron muchos más anunciantes que cuando el diario salía regularmente. Hubo, también, claro, quienes decidieron irse, no participar del conflicto, no aportar al fondo de huelga, o acercarse sólo cuando parecía que algún empresario estaba interesado en relanzar el diario. De esa vida en común, quedan todo tipo de consecuencias. Un colectivo gremial con intenciones de crecer en red y espacio de representación, ex trabajadores de Crítica que hoy son delegados en otros medios, una cooperativa, Cítrica, a punto de editar una revista semanal, y mucha claridad sobre quién es quién porque, como dice Maxi Goldschmitdt, lo bueno de estos conflictos es que cada uno se muestra como es”.
En el número 4 de la revista Crisis, por Ximena Tordini
lunes, 11 de abril de 2011
lunes, 4 de abril de 2011
hoy
la felicidad es hundirme con todo mi peso en la nieve en un lugar muy lejos de mi casa con L que salta de la risa y me dice tia, sos una trucha, sos una trucha.
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