viernes, 31 de diciembre de 2010
miércoles, 29 de diciembre de 2010
Una madrugada
Las trizas no se ven.
¡Oh, gran sorda al viento!
El viento hace trizas el tiempo.
El día se ha vuelto oscuro
para volverse a aclarar,
para ser otro día.
Mi larga espera no puede ser siempre.
El amor tiene que estar aquí...
no a cien leguas a la redonda.
El gallo despierta,
el pájaro doméstico del canto de la
madrugada.
Mis ojos comienzan a licuarse en contacto
con la luz.
Pero la llamarada sin estrépito del corazón
no despierta a los vecinos.
Ella (es decir vos) ya duerme
pero yo sigo despierto.
Ella dejó todo para mañana.
Es hora, me dijo.
Yo me he quedado como pez fuera del agua
de su mirada...
Feliz de vos (de ella),
por Dios te (me) oiga,
porque yo no estoy tan seguro
de hasta mañana.
Hay una gran diferencia
entre el soñador y el dormido/a
Entre los pájaros que duermen
y el gallo, cantor del alba.
Entre sus ojos cerrados
y mis ojos abiertos.
Todos están afuera (aunque duerman),
todos se han ido
hasta mañana.
Los que duermen han cerrado su sueño
con siete llaves
hasta mañana.
Los insomnes de amor y los otros
se quedan,
esperan.
Y yo visito una fábrica de encendedores
perdidos.
(Hoy no sólo se fabrican objetos para tener
sino también
objetos para perder.)
Pero los encendedores perdidos
no hablan con los paraguas perdidos.
Y yo me voy, pájaro negro,
con el paraguas infinito de la noche
acribillado por tus miradas,
por el recuerdo de tus miradas.
La madrugada es dura
como el pan del olvido.
Tu mirada es sólo un recuerdo
hasta mañana.
Ricardo Zelarayán
(1940-2010)
¡Oh, gran sorda al viento!
El viento hace trizas el tiempo.
El día se ha vuelto oscuro
para volverse a aclarar,
para ser otro día.
Mi larga espera no puede ser siempre.
El amor tiene que estar aquí...
no a cien leguas a la redonda.
El gallo despierta,
el pájaro doméstico del canto de la
madrugada.
Mis ojos comienzan a licuarse en contacto
con la luz.
Pero la llamarada sin estrépito del corazón
no despierta a los vecinos.
Ella (es decir vos) ya duerme
pero yo sigo despierto.
Ella dejó todo para mañana.
Es hora, me dijo.
Yo me he quedado como pez fuera del agua
de su mirada...
Feliz de vos (de ella),
por Dios te (me) oiga,
porque yo no estoy tan seguro
de hasta mañana.
Hay una gran diferencia
entre el soñador y el dormido/a
Entre los pájaros que duermen
y el gallo, cantor del alba.
Entre sus ojos cerrados
y mis ojos abiertos.
Todos están afuera (aunque duerman),
todos se han ido
hasta mañana.
Los que duermen han cerrado su sueño
con siete llaves
hasta mañana.
Los insomnes de amor y los otros
se quedan,
esperan.
Y yo visito una fábrica de encendedores
perdidos.
(Hoy no sólo se fabrican objetos para tener
sino también
objetos para perder.)
Pero los encendedores perdidos
no hablan con los paraguas perdidos.
Y yo me voy, pájaro negro,
con el paraguas infinito de la noche
acribillado por tus miradas,
por el recuerdo de tus miradas.
La madrugada es dura
como el pan del olvido.
Tu mirada es sólo un recuerdo
hasta mañana.
Ricardo Zelarayán
(1940-2010)
martes, 28 de diciembre de 2010
domingo, 26 de diciembre de 2010
el descubrimiento de la realidad interior de las cosas
“La poesía es la realización del estado de infancia que debe permanecer a través de todas las edades del hombre. Y llamo estado de infancia a esa frescura, sensibilidad, disponibilidad, a esa apertura hacia todo lo que aparece; hacia todo lo que parece viejo y es nuevo. Hasta la materia misma puede acceder a lo que llamamos vida, y la poesía es el descubrimiento de la realidad interior de las cosas".
Juanele, en Clarín, 1973
viernes, 24 de diciembre de 2010
martes, 21 de diciembre de 2010
un grupo de amigos
cinco hombres
dos mujeres
comen carne asada
en el muelle
a la tarde
la carne está fría
los perros aparecen
entre los arbustos
como mosquitos
en verano
M se tira al río
de imprevisto
entonces
de imprevisto
entonces
los perros ladran
los amigos ríen
todos necesitamos
un paisaje
todos necesitamos
un paisaje
todos necesitamos uno.
un paisaje
todos necesitamos
un paisaje
todos necesitamos uno.
Las costumbres de L, mi compañera de trabajo que es mi amiga, satisfacen todo lo que mi imaginación entiende por Litoral, siendo que es de Entre Ríos:
a) tiene tonada con cantito
b) toma mate a cualquier hora, lo que quiere decir todo el tiempo
c) le gusta estar al aire libre
d) come muchos cítricos
e) se siente cómoda con el calor
dijiste que
lo nuestro
podía ser como
una plantita,
crecer para allá,
trepar hacia los costados,
apoyarse en otra planta
para seguir estirandose,
un día amanecer
con flores, largar tallos.
dijiste lo de la plantita
y cuando te fuiste a la cocina
arranqué la Santa Rita
de raíz
la tiré por la ventana
para no perder el tiempo.
lunes, 20 de diciembre de 2010
jueves, 16 de diciembre de 2010
(...)
Allá
hay una ciudad
en la que está lloviendo.
Allá,
en la línea redondeada del
horizonte,
refucilan los rayos
y el atardecer prende
un fósforo.
Ellioth Smith me trae
el sueño
y el camino sigue
hacia las luces.
(...)
Julia González, en Full of Love
miércoles, 15 de diciembre de 2010
Verano
Viajo a Córdoba después de más de 20 años, a la casa de un amigo al que no veo hace tiempo. El Champaquí me hace doler la cabeza; qué pesado, ahí arriba, mira todo y molesta. Subimos con Lucas, el perro fiel, que se pierde. Con los días, confirmaremos que no se perdió ni fue abducido por los objetos voladores de la zona ni fue tan fiel, sino que decidió volver al pueblo. Los arroyos están secos y hace mucho calor, no sé, 40 grados. La gente acampa al costado de los hilos de agua, los chicos ponen los pies ahí, toman bebidas de hierbas del pico; es una propaganda de Terma. En algunos lugares hay incendios, nos damos cuenta cuando se hace de noche y nos tiramos panza arriba en el pasto a ver cosas.
Viajo a Córdoba después de más de 20 años, a la casa de un amigo al que no veo hace tiempo. El Champaquí me hace doler la cabeza; qué pesado, ahí arriba, mira todo y molesta. Subimos con Lucas, el perro fiel, que se pierde. Con los días, confirmaremos que no se perdió ni fue abducido por los objetos voladores de la zona ni fue tan fiel, sino que decidió volver al pueblo. Los arroyos están secos y hace mucho calor, no sé, 40 grados. La gente acampa al costado de los hilos de agua, los chicos ponen los pies ahí, toman bebidas de hierbas del pico; es una propaganda de Terma. En algunos lugares hay incendios, nos damos cuenta cuando se hace de noche y nos tiramos panza arriba en el pasto a ver cosas.
Nos hacemos amigos de un suizo y de una argentina que viven en la sierra durante el verano, sin luz, sin agua, sin gas, sin plata, sin, sin, sin, sin. Unas semanas antes, alojaron a unos evangelistas que les escondieron los Shivas, los Budas, los Ganeshas, y cambiaron los sahumerios por velas blancas; también cantaban consignas sobre Jesucristo y trabajaban la huerta. Bajamos al pueblo después de una semana, sudados y ralos. Fito Páez veranea en las afueras, hay fotógrafos escondidos entre las ramas. Me insolo en el camino de vuelta.
Viajo Montevideo a presentar un libro en la cartonera gurisa. La Cacciola de ida es el Titanic, hay sudestada y esperamos en medio del río, antes de llegar a Carmelo, más de una hora. No vomito, pero tengo ganas. En Montevideo, todo es genial: la playa, el Parque Rodó, las librerías, las llamadas, el carnaval. El Conejo me lleva a conocer la ciudad en moto. “No, gracias, no uso casco”. “Acá es obligatorio”. "Bueno”. En Tristán Narvaja compro un vestido a 20 pesos argentinos. Saco las fotos más lindas del año. La Cacciola de vuelta es el Titanic. La Cacciola es el Titanic siempre. Hay sudestada de nuevo. Cuando llego a Buenos Aires, ya no hay trenes. Tomo el 60 de punta a punta. Es la madrugada.
Otoño
Viajo a Bariloche a visitar a Laureana. La ciudad está vacía en esta época del año. Tomamos cervezas de colores por la tarde y volvemos a la cabaña cantando temas en ingles y dando saltitos. Mientras Laly está en la radio, salgo a caminar por mi Twin Peaks. Voy a la playa, leo, camino, leo, camino, camino, camino. Duermo siestas. Si te quedás más de cinco minutos parada en cualquier lugar, te rodean cuatro perros símil Caripela como mínimo. Quiero ser Nicole y llevarlos a vivir conmigo a mi dos ambientes de la ciudad con más polución ambiental del cono sur luego de San Pablo.
Viajo a Bariloche a visitar a Laureana. La ciudad está vacía en esta época del año. Tomamos cervezas de colores por la tarde y volvemos a la cabaña cantando temas en ingles y dando saltitos. Mientras Laly está en la radio, salgo a caminar por mi Twin Peaks. Voy a la playa, leo, camino, leo, camino, camino, camino. Duermo siestas. Si te quedás más de cinco minutos parada en cualquier lugar, te rodean cuatro perros símil Caripela como mínimo. Quiero ser Nicole y llevarlos a vivir conmigo a mi dos ambientes de la ciudad con más polución ambiental del cono sur luego de San Pablo.
Viajo al paraíso hippie. Amo el paraíso hippie. Siempre está igual, siempre hay mejor clima que en Bariloche, que es ventoso pero, bueno, tiene el lago cerca. Camino, junto rosa mosqueta, le guiño un ojo al Piltri. Lili cocina verduras y chapati y en tres horas nos ponemos al día. Me tengo que ir, quería quedarme más. El paraíso hippie es como una incubadora, es como la panza de mi mamá. Tomo un helado de lavanda antes de subir al micro. Me quedo dormida.
Invierno
Se muere mi primo. Me regalan un gato que alguien no quiso más. Tomamos un diario.
Primavera
Viajo a Bahía Blanca, donde me tratan como a Cenicienta, pero no las hermanastras sino el príncipe. Duermo de un tirón en el viaje de ida y amanezco en el medio del campo. Duermo un poco en el viaje de vuelta, pero me despierto en medio de la pampa húmeda rodeada de extranjeros que vienen de Puerto Madryn, con bermudas cortadas a tijera y buzos de ballenas, zapatillas y soquetes blancos. Es temporada de avistaje, parecen salidos de un cuento de Hebe Uhart. Son rubios y no cazan una en la Shell de la ruta, por qué los hicieron bajar, qué tienen que hacer, será la terminal de Retiro, son preguntas que se hacen mientras una señora detrás del mostrador llena bandejas con tazas de café con leche y dos medialunas dulces por persona.
La editora que más quiero publica mi libro que más quiero. Vuelvo a entrenar. Voy a trabajar en bici. Se cumple el primer aniversario de las Bandas Eternas.
martes, 14 de diciembre de 2010
un poema de Marina Mariasch
Hicimos una casa
cerca de un bosque
pero no en uno
porque la queríamos
soleada. No hablamos
con nadie y cuando tuvimos hijos
los escondimos
les compramos libros y les
enseñamos a leer
y a escribir nosotros mismos.
La casa queda junto
a un precipicio
a la madrugada nos acercamos
y tiramos cosas, como botellas,
tazas, juguetes o lo que haya
por ahí y escuchamos
cómo suenan
al estrellarse contra
las rocas.
Cuando volvemos
es más lindo
estar en la casa
sin hablar, sin nadie
que se caiga por el precipicio.
En "El zig zag de las instituciones"
domingo, 12 de diciembre de 2010
sábado, 11 de diciembre de 2010
1853
Nos los representantes del pueblo de la Nación Argentina, reunidos en Congreso General Constituyente por voluntad y elección de las provincias que la componen, en cumplimiento de pactos preexistentes, con el objeto de constituir la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general, y asegurar los beneficios de la libertad, para nosotros, para nuestra posteridad, y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino: invocando la protección de Dios, fuente de toda razón y justicia: ordenamos, decretamos y establecemos esta Constitución, para la Nación Argentina.
viernes, 10 de diciembre de 2010
jueves, 9 de diciembre de 2010
“Loco, voy por Callao a la madrugada, a medio cegar, y a cada paso hay fieritas, mendigos, tarjeteros y bultos durmiendo en las entradas, todos disgregados, renuentes a la reunión, cuando yo sólo quiero formarlos en ejército y tomar el poder que nos deben.”
Alejandro Rubio, en “La garchofa esmeralda”
miércoles, 8 de diciembre de 2010
lunes, 6 de diciembre de 2010
domingo, 5 de diciembre de 2010
Coletazos
En bicicleta fuimos con Santiago a la costanera,
había grupos de amigos y familias pescando,
en uno me paré porque vi que sacaban viejas
y después las tiraban a la vereda,
¿no las comen a las viejas?, le pregunté a uno,
me dijo que no que las viejas no tienen carne
son pura cáscara caparazón,
sí que tienen, le dije, me bajé de la bici,
le mostré que en la cola están llenas de carne,
blanca, sin espinas, es como carne de merluza
pero más rica sin el gusto salobre del mar.
Daniel Durand
sábado, 4 de diciembre de 2010
miércoles, 1 de diciembre de 2010
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