miércoles, 13 de agosto de 2008

la plata del lavado

Últimamente, mi vida se está pareciendo un poco a esas obras de teatro contemporáneas del off, costumbristas, que transcurren por caso en un PH en el Abasto o en Boedo.
Se me rompió el lavarropas (“el nene no ME come”), mi electrodoméstico preferido. Mientras viene el señor todopoderoso que tiene en sus manos la llave de mi reino de la felicidad (que todos saben es el de la ropa limpia), opté por llevarla al lave-no-tan- rap de la esquina, al lado del bar-barra que está montando un grupo de amigos, con la obvia intención de delear. El laverrap es de un chino, él lo atiende, mientras come restos que saca con la mano de un tupper que sobrevivió a los ochenta. Mi teoría es que la ropa que llevo sucia vuelve más sucia después del lavado, pero no encontré otro laverrap en el barrio; tampoco hay locutorios, ni mercerías, ni casas de cotillón. Ayer fui a buscar la ropa que dejé el viernes: sábanas, toallas; la ropa liviana la lavo a mano como mi tatarabuela que vino de Italia sin lavarropas. Después de que Chin Chan revolviera la mitad del local de dos por dos, encontró mi bolsa con ropa dudosamente limpia. El temita era que se habían mezclado toallones de una familia muy bostera y mi toallón violeta preferido había desaparecido, junto al pantalón de mi pijama de invierno y una toalla de manos nueva. Todos sabemos que Chin Chan habla perfectamente español: TODOS. Pero se abusa del recurso de no-entiende; eso también lo sabemos. “Falta un toallón violeta, una toalla de manos blanca im-po-lu-ta, un pantalón de pijama rayado…”, “Falta un toallón violento”, contestó Chin Chan. “No, violeta”. “Toallón violento”, repitió haciendo una mueca de risa. Luego de revolver bolsas y bolsas con ropa mezclada, Chin Chuan me dijo: “No apalece, deme UNA SEMANA para buscar”.”Una semana!!! sunabusosunescándalo… violenta me pongo yo, no el toallón”. "Le devuelve la plata del lavado”. Y me fui, con diez pesos, sin mis toallas y con la fiel convicción de que por unos meses no voy a comer comida china. ¡Ah! Y los Juegos Olímpicos me tienen sin cuidado.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Jajaja... tanto los chinos de los Lave-no-tan-rap como los de los mercaditos se hacen bien los boludos cuando les conviene... muy cierto el uso de la tan conocida frase: "No entendo"

Saludos.-

Shalena Mitcher dijo...

Espero que nunca me pase algo que me obligue tan forzosamente a abandonar la comida china. Realmente.

Igual, mi estómago es más competitivo que mi orgullo, creo.

Anónimo dijo...

No soy bueno para dejar mensajes, eso está claro, otra cosa que está clara es esa especie de pasta para arroz (compré sin mirar) que te venden en los mercados chinos de dudosa provenincia, que me produjeron una gastritis aguda. No hay que confiarse del exotismo gastronómico, otra cosa clara.
sunabusosunescándalo.