19 de enero 2009
En una duna en la noche de Cabo Polonio nos reíamos con risa de hembras de nuestras propias ocurrencias y de chistes repetidos. Lamentabamos que estuviese nublado y que así no podíamos ver el cielo estrellado.
-Me voy para el rancho- dije. Y la luna se asomó entre las nubes gigantes.
-Vos no te vas a ningún lado- dijo.
Así siguió transcurriendo la noche hasta que el frío venció las bolsas de dormir.
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Como cuando veo a alguien con algo igual a lo que tengo puesto pero de otro color; como cuando voy a algún lugar y encuentro un objeto simil a otro mío de la infancia; como cuando en las caricaturas aparece por primera vez la versión femenina de algún personaje; así, exactamente así, me resulta la República Oriental.
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-Mami, ¿qué hizizte en Uduguay?, pregunta Santino. Y hablando de la playa, del mar, del crepúsculo de un lado y de la salida la luna por el otro, de las ballenas muertas, de los pececitos y demás, le comento que los humanos podemos comer tiburones. Y Santino, con la sabiduría única de los niños, dice que a él le gusta mucho el atún, y pregunta: "¿Y cómo hazen? ¿meten al tibudón en una lata gigante?".
2 comentarios:
qué lindo que escribe tu hermana, también. Se parecen.
y es actrizzzz, como vos.
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