martes, 2 de febrero de 2010

El micro salió de Buenos Aires con dos horas de retraso. Retiro era un auténtico caos latinoamericano. Nos reintegraron la mitad del pasaje a fuerza de furia colectiva. Viajé bien, sin tanto frío como suelo tener en los micros de larga distancia. A la madrugada, un murciélago se estrelló con el vidrio delantero de arriba, justo en el asiento donde dormía, o al menos intentaba hacerlo. Fue un momento hitchcockiano. Me gusta viajar en ese lugar porque puedo ver la ruta en 180 grados, y también porque si hay un accidente, pienso, no quisiera ser una sobreviviente tullida por el resto de mis días.
Ahora es la mañana y en el bar de la terminal de Villa Dolores espero que Ariel venga a buscarme. Hace mucho calor y todo parece haberse quedado años atrás, incluso antes de los 80. Me mimetizo tan rápido con las cosas que creo que ya estoy alargando las vocales, en auténtico cover serrano. Ariel rapea por mensaje de texto: “Estoy llegando”. "Estoy llegando", "Estoy llegando".

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