sábado, 26 de junio de 2010

En la esquina de mi casa hay una especie de barrio militar que es horrible. Pero recién, de noche, con frío, la luna llenándose, algunas nubes panzonas como las que dibujan los chicos en el jardín, el cielo medio violeta, me hizo sentir en Alemania o en algún poblado de la URSS. Por un momento fue lindo: me imaginé yendo a comprar el pan en una bicicleta, elegante, con falda a cuadros a los tobillos y pañuelo en la cabeza. Tuve una breve sensación de posguerra. De posguerra en el sentido de calma, de posguerra pero bien.
En Colegiales hay un barrio que también tiene algo de socialista, cerca de los silos. Hace dos madrugadas lo vimos con Santiago, antes de ir a repartir diarios. Es una manzana entera con edificios similares, grises, deben ser cuatro, identificados por marcos de colores: rosa, verde, celeste y amarillo, más bien en tonalidades pastel. El barrio tiene una plaza con juegos, sobre todo hamacas, muchas, en el medio.
En Chacarita está el barrio más lindo del universo, la vivienda colectiva de Fermín Beretertibe, con teatro, biblioteca y espacios compartidos; todos los departamentos tienen 55 metros cuadrados. Es el sueño de las chicas que vivimos solas, nos gusta el cine y tenemos gato. Y a una cuadra, en la plaza, está el altar al Gauchito Gil.
El pasaje donde vivía el Manco Paz, en Belgrano, es tan lindo también. Ahí no tengo sensación de posguerra sino de chica bien que bajó de su tres ambientes colonial a devorar algún plato de inspiración francesa en el restaurante de la planta baja; ahí tengo sensación de estar en una película.
A la tarde vino a la redacción Cucurto con Margarita y María, llegaban de la cartonería en La Boca. Dijo: “Venimos de la cartonería en La Boca”, e inmediatamente pensé en las casas con chapas de colores, en el teatro llegando al río, en los inmigrantes que habrán vivido en hoteles de pasajeros. ¿Dónde vivirán ahora los inmigrantes? Sería fabuloso que los senegaleses y los paraguayos y los bolivianos y los chinos compartieran pensión. A mi hermana le digo siempre que va a llegar el día en que los chinos bailen en las murgas de los barrios. ¿Cómo será la música de Senegal? ¿Cómo habrá sido el viaje para llegar hasta acá?
Ojalá cada día haya más senegaleses, chinos, paraguayos, bolivianos, etcétera viviendo en la ciudad, que traigan su comida, su arquitectura, su literatura, su religión. Bueno, las religiones orientales están cada vez más presentes en este tramo de Occidente. Ojalá nos mezclemos mucho todos y la ciudad sea cada vez más real.





Foto: Pasaje Manco Paz

3 comentarios:

Madame Lulu dijo...

ojalá nos mezclemos mucho todos y seamos feices

carla dijo...

Son lindas las mezclas...

Beso.

Makuni dijo...

me emocioné