“Nos despojaremos de la casa.
Tendremos una sin revoques de barro y que no cuele en los cuartos el agua de la lluvia. La cocina, con su equipo de artefactos y sus hileras corridas de azulejos, será una tentación y no un castigo. Una será la pieza de dormir y otra, diferente, la de tener (y hacer) libros.”
En "El silenciero", de Antonio Di Benedetto
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