sábado, 25 de septiembre de 2010

Anoté las “ideas principales” en un anotador de Tusquets que simula un libro y que a mi compañera P le gusta. Una es que me gusta las historias que cuenta L de su pueblo y de otros pueblos. Por ejemplo: el novio de P antes de ser su novio le mandaba mails desde su pueblo contándole que recién terminaba de comer un conejo al disco con sus amigos y que había ido a la computadora a escribirle; lo tituló “Qué ganas de prender la computadora”. Después, otro mail contándole que había salido a cazar perdices y que tiró 20 veces y no le dio ni a un árbol, con lo cual consideraba que su conciencia ecológica no era tan mala. L es de un pueblo mínimo en de Entre Ríos y su familia es alemana. En la hora del almuerzo L me cuenta historias saerianas de sus vestidos gastados para Navidad, pero limpísimos, y escuchamos música de Seattle. La suegra de L dice que el futuro del vidrio está en Seattle.
Después, el otro día, en el almuerzo también, nos dimos cuenta C, P y yo que las tres habíamos estado en la misma comunidad en el sur. P dice que son un toque fundamentalistas, pone de ejemplo la cuestión de los baños secos. P2 se horrorizo al escuchar la sola posibilidad de un baño seco; igual no se escuchó con claridad su argumerntación porque estaba muy disfónica luego de un recital. L tiene historias de pueblo soleadas, ahora se va en auto hasta el norte de Santa Fe, casi en el límite con Chaco, a un casamiento. Yo le dije que me hacía acordar a "Familia rodante", pero no la vio; le conté la mitad de la película, hice hincapié en la risa del público israelí e introduje la posibilidad de que las cosas que nos hacen reír en Argentina y en Israel sean parecidas, en cuanto a temas familiares, porque ambos países tienen costumbres parecidas, dije “los israelíes en un punto son italianos”. Los viernes solemos hacer un picnic en el jardín, como todavía no llevamos lonas y los elementos necesarios, bajamos con cartones y tuppers haciendo equilibrio. Tal vez viene un micro con 80 chicos a una visita guiada y ven a 6 chicas sentadas en el pasto, hablando con las manos, y desencaja un poco. Coincide nuestro hambre con la hora de almuerzo de los obreros, es obvio que coincide porque mis companeras huelen el asado y se sugestionan, cosa que a mí no me pasa. Sobre todo después de la historia del hombre del hacha en Parque Centenario que contó C esta semana.

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