martes, 14 de diciembre de 2010

un poema de Marina Mariasch

Hicimos una casa
cerca de un bosque
pero no en uno
porque la queríamos
soleada. No hablamos
con nadie y cuando tuvimos hijos
los escondimos
les compramos libros y les
enseñamos a leer
y a escribir nosotros mismos.
La casa queda junto
a un precipicio
a la madrugada nos acercamos
y tiramos cosas, como botellas,
tazas, juguetes o lo que haya
por ahí y escuchamos
cómo suenan
al estrellarse contra
las rocas.
Cuando volvemos
es más lindo
estar en la casa
sin hablar, sin nadie
que se caiga por el precipicio.


En "El zig zag de las instituciones"

3 comentarios:

Madame Lulu dijo...

http://www.outofprintclothing.com/ProductDetails.asp?ProductCode=y-1005

esa remera es para vos

Belén dijo...

que linda!

Pablo dijo...

hyperballad