estoy leyendo el libro "un país mental, 100 poemas chinos contemporáneos", la traducción que hizo miguel ángel petrecca para gog y magog. es increíble el trabajo que hizo miguel, ¡gracias, miguel! jamás nos hubieran llegado poetas chinos en español rioplatense. la introducción es simple y sitúa al lector que -como yo- no sabe nada de literatura china: dinastías, épocas, corrientes literarias. y el diario del final es una perlita. en serio, qué bueno que haya gente en este país haciendo estas cosas. antes de que me agarre un extraño brote de nacionalismo, copio un poema del libro. me gustan muchos y de distintos autores, pero, bueno, acá uno de Song Lin, que nació en 1958 en Xiamen. Estuvo preso hacia fines de los 80 a causa de las revueltas que terminaron con la represión de Tiananmen. Vivió en París y en 2001 vivió tres años en Buenos Aires con su mujer. Ahora vive en Beijing.
Barrio chino
Una vez al mes me dirijo en tren hasta Belgrano,
adonde está mi patria sola entre dos calles.
Sentado en un banco del andén
miro los peatones a ambos lados de los rieles, tras las rejas,
mientras espero el tren que viene del Tigre.
El sol sudamericano me hace arder la piel.
La virgen dentro del altar se ve pálida,
ojos caídos, expresión neutra: ni buena ni mala.
El reloj averiado marca como siempre las 8:45,
advirtiéndome una vez más
que el futuro es la terminal de algo:
una mala noticia que ya está en camino;
una nieve que tapa todo, que cobre todo;
un error del que no terminamos nunca de arrepentirnos...
La puerta del vagón se abre y siento una satisfacción indecible,
porque una vez por mes
Belgrano ocupa de nuevo el lugar de mi patria
trayéndome su pereza, su bondad y su embrujo;
y una vez más vuelvo con mi bolsa pesada,
llena de arroz, salsa de porotos, cebolla y zanahoria.
Barrio chino
Una vez al mes me dirijo en tren hasta Belgrano,
adonde está mi patria sola entre dos calles.
Sentado en un banco del andén
miro los peatones a ambos lados de los rieles, tras las rejas,
mientras espero el tren que viene del Tigre.
El sol sudamericano me hace arder la piel.
La virgen dentro del altar se ve pálida,
ojos caídos, expresión neutra: ni buena ni mala.
El reloj averiado marca como siempre las 8:45,
advirtiéndome una vez más
que el futuro es la terminal de algo:
una mala noticia que ya está en camino;
una nieve que tapa todo, que cobre todo;
un error del que no terminamos nunca de arrepentirnos...
La puerta del vagón se abre y siento una satisfacción indecible,
porque una vez por mes
Belgrano ocupa de nuevo el lugar de mi patria
trayéndome su pereza, su bondad y su embrujo;
y una vez más vuelvo con mi bolsa pesada,
llena de arroz, salsa de porotos, cebolla y zanahoria.
2 comentarios:
me lo voy a comprar, gracias!
muy bueno el trabajo de miguel!
beso Bel!
Publicar un comentario