Ahora Iannuzzi vuelve con Todos los bosques, también editado por Pánico el pánico. Otra vez la potencia de las imágenes. El lirismo disparado por la mirada. Por el plano detalle que condensa mundos, pesares, esperanzas: “Vos y yo/ y todos los bosques que fuimos/ antes de ser nosotros/ y las flores del aloe/ que parecen estrellas de día/ sostenidas en la ventana”.
Hay una melancolía a la intemperie, hay bosques de invierno, centelleos por doquier, hay una mujer que crece y no se anima a decirle adiós a la niña que fue, hay una mujer que se obstina por conservarla. Y la nieve, la ciudad, y la juventud asentada, esa que inicia el estado contemplativo. Son poemas simples, que tienen la belleza del bonsái. Es el suyo, como bien dice Miguel Grinberg en el prólogo de Todos los bosques, un “lenguaje vegetal”. La voz de una generación que no imposta, que no busca el choque por el hambre del ruido.
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