“El primer estudio del hombre que quiere ser poeta es su propio conocimiento íntegro: busca su alma, la inspecciona, la tantea, la aprende. Después de que la conoce, debe cultivarla; eso parece simple: en todo cerebro se cumple un desarrollo natural; tantos egoístas se proclaman autores; hay muchos otros que se atribuyen su progreso intelectual. Pero se trata de hacer monstruosa el alma; a la manera de los comprachicos ¡eh! Imaginad un hombre que se implante y cultive verrugas en el rostro.
Digo que es preciso ser vidente, hacerse vidente.
El poeta se hace vidente por medio de un largo, inmenso y razonado desorden de todos los sentidos. Busca todas las formas del amor, de sufrimiento, de locura; exprime en él todos sus venenos, para no guardar sino su quintaesencia. Inefable tortura, en que necesita toda la fe, toda la fuerza sobrehumana, en que se vuelve entre todos el gran doliente, el gran criminal, el gran maldito --y el supremo sabio-- ¡Porque llega a lo desconocido!
¡Pues ha cultivado su alma ya rica, más que ninguna! ¡Llega a lo desconocido, y cuando, enloquecido, concluya por perder la inteligencia de sus visiones, las ha visto!
Arthur Rimbaud (siglo XIX)
