lunes, 31 de octubre de 2011

quiero correr muy fuerte
y llegar muy lejos
y que nadie me alcance
y quedarme sola
debajo de un ombú
voy a correr muy fuerte
nadie me va a alcanzar.

sábado, 29 de octubre de 2011

viernes, 28 de octubre de 2011

la vanguardia es así




gracias, dios, en caso de que existas, por haber depositado a charly en este país subdesarrollado

quiero retirarme a estudiar la música de charly y nada más

tocó 2 horas de reloj. pasaban los títulos (era conceptual) y volvió. "tengo ganas de seguir tocando"


me emociona que charly ya no camine como un astronauta por el escenario y tire cosas con elegancia


gracias, palito ortega

también dijo "el futuro está en el pasado, como decía borges: por qué no vamos por la escalera, que ya está completamente inventada"

"quiero verte desnuda el día que desfilen los cuerpos que han sido salvados". poesía, maaaaan


hay un intervalo. se escucha la voz en off de graciela borges diciendo grandes frases de charly, por ejemplo:


y además pasa cine mudo


por ejemplo, reversiona esto:


Samalea, el Zorrito von Quintiero, Rosario Ortega, trío de cuerdas, dos chilenos más un guitarrista japonés


su banda nueva se llama Charly García & The Prostitution


se sienta en el piano y dirige a sus músicos


charly está reversionando toda su obra
charly es la banda de sonido de mi vida


cortito: volvió charly garcía. vuelvo al éxtasis. adiós.

jueves, 27 de octubre de 2011

ayer hubo un cortocircuito en mi casa, justo después de que tuiteara que el padre de Björk es un electricista sindicalizado de Islandia que fue convocado, junto a otras personas de la comunidad, a redactar la nueva Constitución de ese país. cuando terminamos la clase de iyengar y tomábamos té nacional, el chico de Puerto Rico le preguntó a la profesora quién era Patanjali.

martes, 25 de octubre de 2011

lunes, 24 de octubre de 2011

álbum de bicicletas

escribí este relato para el libro "álbum de bicicletas", que sale en cualquier momento:


Transatlántico art decó

Era enero y se había corrido la voz por toda la isla: un barco  de China estaba por llegar al puerto. Mis vecinas alemanas y otros chicos del barrio se preparaban desde la mañana temprano para saludar a los marineros, que visitarían por dos días y dos noches Ushuaia. Mi mamá nos dejó ir porque iba Valeria, la más responsable de las hermanas alemanas, y porque era toda una experiencia ver un transatlántico, cuándo vas a volver a ver un transatlántico.
Nos encontramos a las ocho y media en la esquina de las doscientas viviendas. Yo tenía puesto un pantalón de corderoy marrón y un sweater de lana rojo con la letra M que había heredado de mi hermano mayor. Mi hermano mayor tenía puesto un jean con pitucones y un buzo gris con guardas azules. El sol ya se sentía fuerte; así es Ushuaia en verano, a veces, son las doce de la noche y todavía hay sol de mediodía. Cuando llegaron Marian, Valeria, Patricia y Gerard dijeron en tono serio: “En el centro, comentan que los marineros chinos ya pisaron tierra firme -dijeron así,"tierra firme"– y están caminando por la ciudad, es mejor que vayamos en bici”.

Nosotros no teníamos bicicletas en esa isla que fue nuestra casa por unos años. Nuestras bicis, una Aurorita roja de Mariano y una sin marca azul marino con rueditas que era mía, habían quedado en el balcón de la casa de Zapiola. Pero eso no fue un obstáculo para la aventura, las hermanas alemanas, que tenían un loro (Morgan), un papá con un dedo menos que fumaba pipa, una casa con chimenea, cuatro perros, chocolates importados, palitos chinos, una hermana que se había casado con un andinista en la cima del Monte Olivia, tenían, también, dos bicicletas para prestarnos.
Salimos en malón para el puerto, levantando tierra como en los dibujitos animados. Yo no sabía andar en bicicleta sin rueditas. Hasta ese entonces, me limitaba a tres o cuatro vueltas a la manzana por semana y alguna ida a la plaza de Belgrano R con mis abuelos, que terminaban trayendo la bicicleta que yo había abandonado a la altura de la tintorería japonesa de la calle Mendoza. No sé cómo pasó, pero pasó. Fue selección natural: por la calle de ripio, empecé a pedalear la bici prestada, uno, dos, tres, cuatro pedaleos, y me agarraba del hombro de mi hermano; uno, dos, tres, cuatro, cinco, ponía los pies en el suelo, porque perdía el equilibrio, el asiento era duro, me hacía doler la cola; una, dos, tres, cuatro, me caí. Nadie me había preguntado si sabía andar en bici y yo tampoco lo había dicho; tenía seis años. Patricia me ayudó, se puso a mi lado y dijo cuando sientas que perdés el equilibrio, agarrate del manubrio de la mía. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, Patricia y yo pedaleábamos a la par, Mariano me escoltaba, unos, dos, tres.Llegamos al puerto. Dos marineritos orientales me regalaron caramelos y unos billetes chicos y marrones que todavía conservo. Antes de volver, nos sacamos una foto todos juntos: los chinos, mi hermano Mariano, Valeria, Marian, Patricia, Gerard, yo, las bicicletas, el mar del sur, el transatlántico art decó de fondo.  

un cuento de Majo Moirón


El lobo rojo

Voy a cumplir nueve este verano. Papá le toca la pierna por debajo de la mesa a la mamá de Magda, con la que cenamos seguido porque somos vecinos durante nuestra estadía en la playa. La mamá de ella y mi mamá se prestan los tuppers, intercambian recetas para postres. Organizan picnics juntas y se van a caminar por la orilla del mar cuando los papás ceden a cuidarnos de las olas revoltosas. En realidad duermen la siesta y yo temo meterme más hondo como Magda. Su mamá usa bikini, la mía malla entera, nosotras somos delfines en el agua.
A la noche todos los grandes están borrachos comiendo un asado, la mamá de Magda siempre estuvo enamorada de mi papá. Desde ese verano, hace dormir a su marido en el lavadero. Voy a jugar a su casa y la mamá me detesta, me trata mal. Nadie sabe eso porque lo disimula con una sonrisa rica en encías, si lo contara nadie me creería. Papá, mamá y yo volvemos caminando a casa. Subimos una barranca empinada, a mí me cuesta menos que a ellos. Mamá lo descubrió a papá y se lo dice recién en la cama. Él no se lo acepta, la trata de mentirosa y conflictiva. Para papá aceptar la culpa significa derrumbar la historia de una personalidad. Papá le dice que es todo fruto de su imaginación. Se va a dormir a la habitación de mi hermana, que salió a bailar. Yo me hago la recién despierta. Voy al baño y espero adentro, simulando con la canilla abierta, que estoy haciendo pis. En el baño, a un costado, todavía sigue mi pelela. Salgo y le pregunto a papá por qué duerme ahí. Él me habla con voz apacible, diferente de como le habla a mamá. Me dice que mamá esta enferma y no se quiere contagiar. Se sobresalta cuando me ve entrar al cuarto, pero le hace bien, es como visitar a un preso. El amor pulsa por un instante. Tengo miedo de que se separen y nos volvamos antes a Buenos Aires. Sueño que transpiro y me hago pis en la cama.
Ellos siguen peleándose todos los años. Paso a la secundaria y no soy más una buena alumna. La ultima vez que fui escolta, fracasé desmayándome por el calor en el medio de la gradas. Papá y mamá se pelean en el baño en suite. Están entre la habitación y el lavatorio, gritándose mientras ella se encrema la cara y le queda olor a pasta. Él se lava los dientes, hace unas gárgaras burdas y escupe. Papá le trata de sacudir el cerebro con malas palabras, la quiere ahorcar. Mamá le reclama, como una máquina terca y trabada. No distingue el olor de la atmósfera y pide, demanda, y él le responde a gritos y portazos que erosionan la madera de la puerta. Escupe como un lobo rojo. Yo escucho todo desde mi cuarto, no digo nada, bajo la música para escuchar mejor. Aprieto los dientes.
Estoy sentada en la computadora, escucho todo y alimento mi bronca contra papá. No entiendo nada de lo que dicen mis amigos por chat, me confundo. No pido que dejen de gritarse, trato de que la computadora me vuelva a tragar. De vez en cuanto abro la puerta, o simulo un tambor con los pies y hago que se me caen las cosas, pero la euforia de los dos supera cualquier sensación de resguardo paternal. Siguen más allá de mi presencia. La violencia actúa como un herpes, que brota de vez en cuando pero una vez despierta, sigue ahí como una enfermedad crónica. Una cara, una forma de caminar, algo que comés: es propensa a despertar cada vez más envolviendo la cotidianeidad. Mamá tiene tos por dos meses seguidos. Papá le dice que su tos es un asco, mamá se la intenta tragar. Es muy incómodo soportar una tos adentro. Se aguanta los gérmenes en la boca.
En la cama antes de dormirse vuelven a arrancar. Por suerte tengo un sueño liviano, y sino pongo música fuerte: ellos incitan un letargo de mi adolescencia. Cuando los gritos se hacen más fuertes, papá abre la puerta y se va a dormir al cuarto de huéspedes, que es al lado de mi cuarto. Lo escucho acomodarse. Yo no invito amigos ni novios a esa hora. Ahí el malvado me da lástima. Con sus calzoncillos, sus piernas blancas y redondas tratando de caber en la cucheta que mamá compró en Walmart. Walmart es una novedad con precios increíbles. Escucho que enciende la tele y abro la puerta de mi refugio. Le pregunto si está bien, le presto una almohada más cómoda, le digo que no es mía y pertenece al cuarto de huéspedes, no le gusta dar pena.
No sé cómo hago para terminar el colegio, me cuesta cada vez más. Física es imposible, matemáticas aprueban todas menos yo. Tengo que estudiar algo. La psicóloga me dice que en un test salió que tiene que ser entre Filosofía, Letras o Cine. Elijo cine, está de moda. Le hago el amor a un profesor y dejo la carrera. Invento un dolor muy fuerte en la espalda para que me mediquen con drogas. Paso mucho tiempo haciéndome la dormida y durmiendo también, una lección que me deja futuro como actriz. No quiero saludar a mis papás cuando llegan a casa. Voy corriendo a la cocina, lleno un bowl con cereales, leche fría y me meto de vuelta en la cama.
Mi papá no quiere estar más en casa, le deprime la cocina, el living y el hogar. A mí también, me deprime la habitación de ellos, el baño en suite. Todo menos mi cuarto. Es una casa con poca luz y mucha madera. Salimos todos los días de la semana a comer afuera. Irme de viaje por mucho tiempo es quedarme dura mirando a una embarazada que le van a pegar un tiro en la panza.
Para Navidad hago la mía. Siento culpa. Papá y mamá van a un restorán en el que Papá Noel pasa a saludar a lo más chicos. La barba blanca se le está por caer y les causa gracia. En la mesa de al lado, una pareja tiene una de sus primeras citas. Se dicen desde las sillas, feliz navidad. No se dan besos en la boca desde hace mucho tiempo, tampoco nadie se los pide. Esperan los fuegos artificiales mirando los dos hacia arriba. Esperan que se acabe Navidad. El estallido en el cielo los consuela. Ella sonríe con el efecto del champagne. Mientras traen la cuenta, intentan llamarme para desearme felicidades. No logran comunicarse. Hacen el trayecto a la casa en silencio, con ruidos en la panza de mamá que a papá le molestan, lo hacen sentir miserable. Abren la reja de casa doce y media puntual. A papá le cuesta dormirse, la ciudad grita. Ya están grandes, a ella le costó bajarse del auto. Los llamo pero es un llamado larga distancia y tampoco logro comunicarme. Papá apaga el celular. Al otro día es feriado.

viernes, 21 de octubre de 2011


si me hablás de la lluvia habanera
voy a querer conocer blogs nuevos
viajar en auto hasta el mar
huir de la ciudad
como esas dos chicas de la película
que se escapaban de sus problemas
¿la viste?
la de unas chicas
una de rulos una pelirroja
que corrían corrían corrían
sobre el pavimiento abierto
de una ruta norteamericana
el sol les mordía los hombros
una noche duermen en un motel
seguro la tenés
al final del camino hay un precipicio
ellas se ríen y saltan
nosotros podemos mirar a cámara antes
y en esos segundos pensarlo mejor
o podemos tirarnos de una,
como te parezca.



"Oscurece, Dios pone play y se va a Pachá".


Esteban Schmidth, The Palermo Manifesto.

miércoles, 19 de octubre de 2011

trabajando en el ferrocarril

Todas las semanas
voy a trabajar 
voy con muchas ganas
y con felicidad.

Si alguna vez quieres
encontrarme a mí 
trabajo en las vías
del ferrocarril.

Muchas veces cuando yo
voy lejos de aquí 
recuerdo la historia
del ferrocarril.

domingo, 16 de octubre de 2011

sábado, 15 de octubre de 2011

la nenita
que trata de unir
una rama
que se partió en dos
escandinavia con sudamérica
en clase turista
23 horas de vuelo
un cambio de avión
3 mil dólares financiados
por un banco
que fuga capitales
a algún paraíso fiscal
la que otros quieren
la rodilla lastimada
me caigo
me levanto
patino vestida de fiesta
el vestido es de terciopelo celeste
con tutú y gotitas de glass
la rodilla rota
la sangre derrite el hielo.

viernes, 14 de octubre de 2011

#realchat

me encantan las carreteras
decir carretera
la noche
la lluvia
las mujeres perdidas
lo sórdido
no sé
me generan 
sensaciones que me gustan

martes, 11 de octubre de 2011

Primavera Independiente


El sábado a la tarde, vamos a estar con Cítrica en Villa Ocampo. Están invitadísimos.

domingo, 9 de octubre de 2011

la música nos va a salvar

D vive cerca del chino Cantón. en el living, un póster de Janis Joplin, una tele grande, muchos discos. es actor y hace una obra los fines de semana en un teatro del off del off en Monserrat, también  publicidades para la tele. creo que estamos enamorados, nos gusta caminar hasta la galería donde consigue la pintura para envejecer el pelo, hacer muchas cuadras de más para hablar y contarnos cosas.

el día de la primavera de 2003, toca Spinetta en el Gran Rex. D viene a la oficina a buscarme y me pregunta si quiero ir con él y sus amigos al recital. los amigos de D, o esos amigos de D, son dos hermanos, uno músico, otro periodista. D saca las entradas. salimos de su casa y de ahí vamos a lo de J, el dueño de la otra casa donde vamos a encontrarnos con más gente. Lo de J es un departamento sobre la calle Lavalle con las paredes pintadas de colores fuertes. adentro, hay muchas personas que no conozco; fuman y toman fernet. M busca la guitarra y se pone a cantar. no sé en qué momento, la guitarra llega a mis manos, ahora cantamos y tomamos fernet muy dulce todos. a las ocho, salimos en dos grupos para el teatro. la mayoría sacó entradas para la platea alta. D, M y yo estamos en una de las primeras filas de abajo, desde donde escuchamos: "Flaco, tocá 'Credulidad'", un grito que se repite como un mantra toda la noche. estamos sentados así: M, D y yo. el concierto dura dos horas, Spinetta toca completo "Para los árboles" en orden, más tres o cuatro bises. salimos del teatro con la sensación de que todo es posible, de que el mundo es nuestro, de que la música nos va a salvar. volvemos a lo de J y seguimos cantando.

D es talentoso y desordenado. esta semana, empieza a filmar una película sobre taxiboys con un director de cine de culto recién vuelto de su exilio voluntario en Europa del Este. D deja su trabajo y vive de noche durante cuatro meses en un motorhome en el microcentro. van a pasar dos años hasta que volvamos a vernos.