sábado, 2 de agosto de 2008

si, ¿no?

un verano fui a visitar a una amiga que vive en bariloche. se murió mi abuelo cuando estaba allá, justo un día antes de mi cumpleaños (aunque aún sigo creyendo que mi familia fraguó la fecha para que no me sintiera taaaan mal), me intoxiqué con agua contaminada, me desmayé en la puerta del sanatorio san carlos, se perdió una turista alemana y conocí a un chico que estudiaba filosofía. era amigo de una amiga de mi amiga. nos conocimos en colonia suiza, una tarde en la playa. yo tomaba sol con una bikini colorada y él leía los premios, de cortázar. se acercó a hablarme con el pretexto de que en ese preciso momento, paula, la protagonista de la novela, se paseaba por el capítulo en bikini colorada.
a partir de ese día nos vimos todos los días de enero, con excepción de una noche: cuando fuimos con mi amiga j a una fiesta en un refugio de montaña en la que tocaba una banda de rock patética, vendían cerveza en vasos de plástico de un litro y mi amiga j, hincándose un chori y mezclando su perfume de 300 pesos con el olor del asado de dudosa procedencia, me dijo: "qué lipovetzky todo esto, ¿no?", y yo, nauseosa, intoxicada, le rogué que nos fuéramos a un lugar más aséptico ya que había peligro de lanzamiento.
hacíamos largas caminatas, andábamos en bici, cantábamos en fogones ajenos una que sepamos todos, hablábamos del idealismo de platón, de gramática latina, comíamos pizza y tomábamos cerveza. éramos verdaderos neohippies.
yo no quería que terminaran las vacaciones –él tampoco–. se había creado el microclima ideal, punto caramelo, del romance. había un detalle, el detalle de siempre: tenía novia.
las vacaciones terminaron, volvimos a buenos aires, extrañamente no nos cruzamos nunca en la facultad y eso que yo cogoteaba aulas, biblioteca, patio y bar. un buen día me llegó un mail de él. así fue que empezamos un diálogo ciberpunk. había terminado con su novia porque sssshoooo, era sssssssshoooo LA mujer.
nos vimos. me invitó a ver saraband, de bergman. típicamente snob. pero no importaba porque él, era ÉL. salimos del cine y fuimos a cenar. mientras esperábamos la comida me dijo: "tenés un problema con el sino". "¿perdón?", dije yo. "si, con el sino", dijo él. acto seguido sacó de su mochila toooodos los mails que le mandé marcados con resaltador amarillo y una fotocopia del capítulo dedicado al sino de la gramática de maría marta garcía negroni.
él, no era Él.

3 comentarios:

santero Delcolmo dijo...

que nadie aplauda al asador.

Shalena Mitcher dijo...

Cómo hacerle OLEE al destino!


Igual, creo que no entendí el final. Me parece que fue lo del resaltador lo que me desencajó total.

beso!

Anónimo dijo...

Me cagué de la risa. Es medio hipnótico tu blog.