Ahora camino por algún lugar de Francia, en las afueras de una gran ciudad que bien puede ser París en el siglo XIX. Estamos -y digo estamos porque somos muchos y no conozco a nadie- entrando a una fiesta en un castillo o un palacio. Llevo un vestido largo, blanco, como un camisón, y en las manos dos libros antiguos en francés. Hay parejas con niños pequeños, tal vez bebés. A mis primas no les interesan los libros, dicen que a ellas les importa “lo contemporáneo”. Yo me siento mal, y por eso sigo sacando de un baúl o una valija objetos de una feria de pulgas.
2 comentarios:
siempre me encantan las razones por las que uno hace las cosas en los sueños.
segura?
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