sábado, 31 de octubre de 2009

uno

Visito asiduamente la casa de mis abuelos en sueños. Por lo general, es de noche. No hay nadie, pero el aire sostiene la sensación de que recién se fueron y que volverán pronto. La pava con agua caliente es uno de los indicios, como también algún velador encendido, hinchado de luz amarilla, en el living. Incluso a veces siento olor a ellos. Pero mis abuelos nunca vuelven; llega la noche y a mí me da miedo tomar el ascensor, bajar esos dos pisos por la escalera, me dan miedo los vecinos. Yo los espero, mirando por el balcón que da a los jardines del museo. Ya atardecidos, con un cielo azul eléctrico colgado de los árboles.

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