Por alguna razón que todavía no logro descifrar, cada vez que nos encontramos a conversar, DM me lleva un libro de regalo. La amistad alcanza como motivo, pero es como si cada vez fuera mi cumpleaños. En cambio, yo nunca le hice un regalo a DM: ni para su cumpleaños, ni cuando nacieron sus hijos, ni cuando ganó un premio. El primero que me regaló es uno de Chejfec, que todavía no leí. El último es uno de Leónidas Lamborghini, que leí de un tirón en la cola del banco más lento del mundo. Una vez que vino a visitarme a una redacción donde trabajaba, dijo perdón, hoy no te traje un libro, y por qué tenés que darme una libro cada vez que nos encontramos, bueno, pero te traje un alfajor, me contestó como si no me hubiera escuchado. Creo que tengo suerte: una noche en un recital al aire libre me encontré con M y me regaló dos libros de Mansilla que tenía en sus manos. En realidad, no sé si me los regaló, pero espero que sí.
Una parte que me gusta del libro de Leónidas:
Nota: M no es DM.
Una parte que me gusta del libro de Leónidas:
¡Ya no hay tiempo!
¡Ya no hay tiempo!
y no habrá ya ni hora de nacer ni hora de morir
ni hora de abrazar ni hora de no abrazar
ni hora de plantar ni hora de cosechar
ni hora de hablar ni hora de callar
ni hora de llorar ni hora de reír
¡Ya no hay tiempo!
!Ya no hay tiempo!
¡abajo! !abajo!
Lo que hay sido ya es; lo que está por ser
ya ha sido; busquen lo que ha desaparecido.
Nota: M no es DM.
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