P dice que Sudáfrica es una carretera al lado de otra carretera al lado de otra carretera al lado de un estacionamiento de un shopping. Que la conexión a internet es malísima, que hay una mafia de las grúas y por eso ponen sillones de dos cuerpos en las autopistas para que los autos choquen. Ella chocó, pero no se asustó porque sentía que no era su hora, así dijo. Que los taxis salen 700 pesos.
V dice que Vigo está bien, que tiene muchas callecitas cortadas, que Praga le gustó pero que los gustó más Budapest, y que en Viena alquilaron bicis y anduvieron alrededor del Danubio todo el día, que en los jardines de un palacio, cuyo nombre no recordaba, daban un concierto de música clásica que también pasaban por una pantalla gigante en ultra HD.
D dice que está bien su trabajo en Agronomía, que completa datos y cierra ventanas, después vuelve a su casa y está con Trementina y sus dos hijos, corrige su segunda novela.
G dice que viaja una vez por su trabajo a Perito Moreno, al lado de Los Antiguos, en Santa Cruz. Que es una zona de precordillera con cinco mil habitantes. Que la mina va a traer trabajo para esa gente y para los egresados de escuelas técnicas de la provincia. A veces se queda en el hotel en el pueblo, cuando necesita tener conexión y trabajar con la computadora, si no sube al campamento y se queda ahí, hasta que vuelve a la ciudad.
L se mudó a una casa en los kilómetros, adentro, arriba. Dice que los días que nieva o llueve la casa se mueve y se escucha el viento ir y venir ir y venir. Ella sube la estufa y se abraza a sus perros. Cuando llegué en otoño, L fue a buscarme al aeropuerto y antes de dejar las valijas en su casa fuimos a caminar por un bosque, tan húmedo, tan oxigenado, que lo único que podíamos hacer era respirar hondo, caminar entre musgo, piedras, ratoncitos de montaña, respirar hondo, respirar hondo, abrazar a los árboles, decir naturaleza, te amo, ¿en qué momento nos separamos?