viernes, 25 de febrero de 2011

el pelo


más sucio de mis 32 años de vida. 


Montevideo, febrero de 2011.

Salú.


sábado, 19 de febrero de 2011

de Ferrocarril Belgrano

Muchas veces conviven en esta habitación
aunque eso no signifique darles espacio,
cada cierto tiempo alguien se lanza
contra el tren y los obreros siguen
trabajando en los durmientes
cada cierto tiempo, alguien, no sé quien,
continúa el ritmo de las maquinarias
arrojándose a toda velocidad con la frente desnuda,
acá, abajo, al costado del carril,
las voces enhebradas boquean dentro de la pecera,
tragan luz eléctrica y vuelven al fondo
con las algas recogidas de la ciudad,
las cordilleras profundizan el mar
acorralándolos entre minerales y ácidos;
quién dijo que la naturaleza era un ciervo
pastando en un claro de bosque,
el tallo de la hierba floreciendo en la sonata,
o el cardo en el campo atorado
bajo los zapatos de Van Gogh, quién.
Quién escribe un canto valiente
que sea por siempre canto nuevo,
quién escucha los zapatos de la mujer
arrojada a los piedras que acompaña el ferrocarril,
y la soledad que lleva a poner su cuerpo
entre las maderas que soportan los vagones,
y no vengan con los retratos de la miseria,
las proclamaciones de moda que exigen,
a contramano, una violencia genital
sobre la más débil desechada entre los matorrales
luego de ocuparla con una herida vacía.

quién dará justicia a este rostro
cincelado duramente, en la piedra
anónima y cruel que moldea la realidad.
quién.




del poeta chileno Jorge Polanco Salinas, que ayer lo leyó con cantito en La Usina. es de Valparaíso.

jueves, 17 de febrero de 2011

Marx no la pudo ver

“La palabra socialismo hay que definirla de vuelta, porque le han prostituido, la han malversado. Acá, falta un esfuerzo, hermano, esfuerzo de actualización, de decir, compañeros, con la experiencia vivida por otros pero con las novedades habidas. El hecho de que va a seguir existiendo economía política que sea administración de lo escaso es una novedad teórica de la puta madre. Marx no la pudo ver, Lenin tampoco, eso no lo vieron los grandes tipos, no pudieron verlo porque no les pasaba por la cabeza que la humanidad fuera tan estúpida, de que llegara a romper todo”.

Eleuterio Fernández Huidobro, senador uruguayo por el Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros

En el número 2 de revista Crisis

martes, 15 de febrero de 2011

te amo, te odio, ¡dame más!

Querer escribir el amor es afrontar el embrollo del lenguaje: esa región de enloquecimiento donde el lenguaje es a la vez demasiado y demasiado poco, excesivo -por la expansión ilimitada del yo, por la sumersión emotiva- y pobre -por los códigos sobre los que el amor lo doblega y lo aplana-.
Roland Barthes, Fragmentos de un discurso amoroso


¿Amamos muchas veces en la vida? ¿Cuántas veces nos enamoramos? ¿Nos enamoramos, no? 
El discurso acerca del amor supone una enunciación de una persona que habla en términos amorosos frente a un sujeto amado que recibe pasivamente esa fuerza de amor. Hordas de psicoanalistas vendrán con los veinticinco tomos de Freud y otros dos de Lacan bajo el brazo al son de que la pulsión no tiene objeto, la pulsión no tiene objeto, la pulsión no tiene objeto. ¡Bueno! Pero, entonces, ¿por qué nos enamoramos? Más aun: ¿Por qué el deseo se aferra siempre, o casi siempre, a un estereotipo?
Está claro que una declaración de amor versión siglo XXI puede adquirir formas que nuestras abuelas hubieran considerado propias de la ciencia ficción, de la película Brazil, con zeta, que todavía es el futuro: un “te amo” trasnochado por mensaje de texto; parejas a la distancia manteniendo el fuego vivo vía Skype; una declaración de amor retro en un pasacalle.
Independientemente de la forma o el soporte material que el discurso amoroso adopte, el discurso en sí se encuentra compuesto por tres elementos: el deseo, la imaginación y la declaración. Estos elementos fueron taxativamente enumerados durante la Edad Media en el Código de Amor Cortés, que se fundó sobre el vasallaje amoroso, es decir, que tomó elementos de las jerarquías feudales y ciertas reglas provenientes de la caballería para su aplicación posterior en la práctica amatoria. Ocurría que en Francia y luego en Italia los caballeros volvían después de años de las Cruzadas y habían perdido el timming para conseguir chicas. Entonces fue necesario establecer pautas de comportamiento para acercarse y relacionarse con las mujeres. Estas reglas se establecieron sobre aspectos de la filosofía de la Antigüedad clásica, más precisamente en los conceptos vertidos en El arte de amar, del poeta latino Ovidio. El amor era, en consecuencia, un arte susceptible de ser enseñado.
Lo que caracteriza al lenguaje amoroso es la fascinación por el sujeto amado, y la línea delgadísima que la separa de la tragedia, o mejor, del ser trágico. Pensemos en el desvelo amoroso: qué dolor de alma, de cuerpo, de cabeza, de panza; ¡qué dolor de todo! El enamoramiento es un drama en tres actos: la captura, el encuentro, la clausura.
Si bien es cierto que el enamorado feliz no siente ninguna necesidad de escribir, ni de transmitir ni de reproducir nada -está enamorado y ya-, la gramática amorosa es anterior o posterior al encuentro. En efecto, la estructura del sujeto enamorado, que encuentra su punto cúlmine en la unión total con el ser amado, se ha desarrollado a lo largo de la trama de infinidad de libros en la historia de la literatura.

Beatriz y Dante, un solo corazón
En la mitad del camino de su vida, encontrándose en medio de una selva oscura y con la senda derecha perdida, el padre del idioma italiano, guiado por Virgilio, se reencontró con la hermosa Beatriz, lo que equivale a decir que alcanzó el Paraíso. Hablamos de la Comedia, aquella a la que los críticos, admirados, llamaron “Divina”.
Se dice que Dante (siglo XIII) conoció a Beatriz de Folco Portinari, en Florencia, cuando tenía 9 años y que sólo volvió a encontrarse con ella a los 18 años de edad. Y que Beatriz no sólo no se fijó en él sino que además se habría burlado del poeta en dos oportunidades. Beatriz murió jovencísima: a sus 24 años.
Si bien Dante estuvo casado con otra mujer, Gemma Donati, y tuvo hijos con ella, decidió hacer aparecer a Beatriz en su obra fundamental. Dice Borges en sus Nueve ensayos dantescos acerca de Beatriz que “enamorarse es crear una religión cuyo dios es falible”.
Ya en La vida nueva, obra de carácter autobiográfico, Dante había puesto de manifiesto la renovación vital que vive el sujeto al enamorarse, más específicamente: al enamorarse de Beatriz, figura central de la vida y obra del florentino. Dante se propone decir de ella “lo que jamás se dijo de ninguna”.
La figura de Beatriz en la Comedia significará la fe (Dante, el hombre, la humanidad; Virgilio, la razón). Muerta Beatriz, Alighieri tomó la ficción para reencontrarse con ella. Y fue así, de manera infinita, que existió Beatriz para Dante.

Silvia, rimembri ancora quel tempo
Giacomo Leopardi no es una marca de fideos, sino el nombre de uno de los poetas más representativos hacia finales del siglo XVIII y comienzos del XIX en Italia. Si bien muchos teóricos emparentan ciertos aspectos de su obra con la de Holderin, y a pesar de haber vivido en pleno Romanticismo, Leopardi es considerado un poeta clásico; uno de los más grandes líricos, a la par de Petrarca.
Leopardi sufría una deformidad física, y la vivió al estilo de los griegos. Será por eso que sintió que el amor es un hecho que se produce unilateralmente: básicamente, consideró que, por feo, nadie podía amarlo. Así, el dolor es materia existencial en su obra, en la cual también se destacan ciertos rasgos de escepticismo, angustia y el tópico latino del carpe diem.
Silvia fue una de las mujeres a las que Leopardi amó en silencio. Dice, desolado, en el poema “A Silvia”: “¿El amor es éste,/ éstas las obras, el placer ardiente/ sobre las que juntos departimos tanto?”. Silvia murió joven, como Beatriz, y Leopardi nunca llegó a decirle cuánto la amaba.

Encontraría a la Maga
Enmarcada dentro del Boom Latinoamericano, Rayuela (1963) fue la novela que llevó a Julio Cortázar a la consagración y trajo consigo el reconocimiento de sus pares; hasta ese momento, Cortázar se había destacado como cuentista con Bestiario, Historia de cronopios y de famas o Las armas secretas.
Rayuela es muchas historias en una historia (y es, en ese sentido, una novela beatle): “Del lado de allá”, “Del lado de acá” y “De otros lados”; entre ellas, es la historia de amor entre la Maga y Oliveira, en París, en el exilio, donde “crecemos como hongos después de la lluvia”. Una proliferación de personajes, amigos de la Maga y Oliveira, conformarán el Club de la Serpiente, una suerte de cofradía donde debaten sobre arte, literatura, ideas anarquistas, socialistas, comunistas, sobre la imaginación al poder.
Rayuela es como el álbum blanco, como Led Zepellin IV, como La Novicia Rebelde, como Antes del amanecer pero en los años 60, en pleno surrealismo; es un clásico, de esos que no te cansás de regalar para los cumpleaños, aunque las tías borgeanas te acusen de demodé.
Dice Fabián Casas en uno de sus Ensayos bonsai: “La otra noche estaba tirado en mi cama viendo tele y de golpe apareció Cortázar, entrevistado por un gallego letal. Era una entrevista de fines de los setenta, imagino. Lo primero que me vino a la mente fue el recuerdo de estar volviendo del Centro a mi casa, en el subte línea E, con el ladrillo negro de Rayuela recién comprado. Tenía once años y pasaba las manos por el lomo del libro con la excitación en el pecho propia de los enamorados (…) Lo abría, lo hojeaba. Tenía un tablero de dirección con ordenación de los capítulos para leerlos de diferentes maneras. La primera línea decía: ‘¿Encontraría a la Maga?’, la puta madre. Todo era críptico, prometedor, maravilloso”.


Históricamente, el discurso de la ausencia del amado lo pronuncia la mujer, que es (era) sedentaria y suspirante; en cambio el hombre era (¿es?), viajero, cazador, navega y da vueltas por el mundo. Preguntale a Penélope.
Están también Dulcinea y el Quijote; Julieta y Romeo, cómo olvidarnos de ese amor trágico. Hay, además, gestos de fetichismo amoroso que alcanzan grados de obscenidad grotescos, como en La voz humana, la pieza teatral de Jean Cocteau, en la cual su protagonista y único personaje atraviesa todos y cada uno de los estados emocionales posibles durante la espera de un llamado telefónico. Y si bien llorar forma parte de la actividad habitual del cuerpo del enamorado, en esta obra se torna no ya un acto habitual sino constante. Es que hay amores que son flechazos y hay amores que son piedrazos. 

lunes, 14 de febrero de 2011

el viernes


leeremos a autores chilenos en un contexto hippie y progresista. vengan

domingo, 13 de febrero de 2011

viernes, 11 de febrero de 2011

cuando muera, publiquen mis diarios. antes, no: hablan de mí, hablan de ustedes

Montevideo, 4 de febrero de 2011

Flores celestes y sandías de ofrenda para Iemanjá, en Playa Ramírez. El sol pega recto, vertical, fuerte. Los chicos se tiran al río de palito o de bomba; el río, que parece espolvoreado con brillantina desde una nube o un helicoptero.

excursiones

quería ser
la epítome de algo
de novia
de chica-que-invitarías-a-salir
pero los hechos
se producen
sin piedad, sin calma
y no hay tiempo para nada
ni para una reunión de Just o de Tupper
ni para excursiones
ni para vivir los días según el calendario campesino
ni para oír los estrépitos de los aviones de combate
que sobrevuelan El Cairo de noche
entonces nos tiramos
en el sillón del living
a escuchar música que no conocemos
está todo mal
antes de dormirnos
examiné los sentimientos
de mi corazón,
amor hubiera sido
que me dejaras usar tus pantuflas
en invierno.

Favio, el primer trabajador

El martes 22 de febrero a las 19.15 hs, en el marco de la retrospectiva de Leonardo Favio, el periodista y editor Diego Recoba ofrecerá una charla sobre la obra del cineasta argentino. Recoba es periodista cultural de La Diaria, La Pupila, Revista Caracú. También es co-editor de La Propia Cartonera, primera editorial cartonera de Uruguay, que anuncia próximamente un libro dedicado a Favio con intervenciones del propio Recoba, Gonzalo Ledesma Patule, Pepi Goncalvez, Dani Umpi, y los argentinos Javier Porta Fouz, Belén Iannuzzi y Marcelo Díaz.
La Propia Cartonera planea, además, comenzar a exhibir películas en su taller de La Teja, situado en el bar El Cafetín de Agustín Muñoz esquina Molina, y ha elegido para inaugurar el ciclo un repaso por la obra de Favio.
La charla de Recoba en Cinemateca ahondará en la filmografía del director y abordará su proceso de creación y el papel del artista mendocino en la historia de la cinematografía latinoamericana y su legado para los cineastas más jóvenes.

miércoles, 9 de febrero de 2011

contigo, pan y chucrut

"Una rodaja de pan con algo de chucrut encima cubierta con otra rodaja fina de pan, tremendo alimento. Lo bajamos con té. Es muy bueno. Recomendado para todos los poetas desempleados. Otra receta: un poco de pan con una rodaja de cebolla encima espolvoreada con sal".


Jonas Mekas, en Ningún lugar adonde ir, Caja Negra, Buenos Aires, 2008 



viernes, 4 de febrero de 2011

lo que más me gustó del día fue dejarle ofrendas de flores celestes y sandías a Iemanjá.
lo que menos me gustó del día fue ver a un chico en una camioneta negra drogándose y a muchos chicos haciendo pis en la vereda o en las puertas de las casas.
también me gustó la nariz de payaso láser.
es carnaval.
estaba preparándome para salir a tomar el colectivo cuando Lucía me preguntó "¿no querés que te haga un refuercito?". y no contenta con mi cara de incomprensión, agregó "un refuercito vegetariano". qué casualidad, ¿no?, que en dos ciudades que fueron separadas al nacer -Montevideo y Rosario- llamen a los sánguches con apodos tan particularmente insólitos. ¿dos ciudades que quieren llamar la atención? refuerzo, refuercito, un refuerzo de la comida que no fue tan portentosa, bueno, vaya y pase, pero llamar carlitos a un tostado de pan árabe me parece ridículo. como esa gente que le pone Tadeo o Agustina al perro. otro cosa: Pepe, deberías poner tachos de basura en la rambla. 

miércoles, 2 de febrero de 2011

martes, 1 de febrero de 2011

Estamos ahora somos ese futuro
del mundo en ruinas con llantas quemadas
en calles vacías. A veces es difícil dormir
aunque sea de noche todo el tiempo.
A veces es difícil dormir. A veces es difícil.
Dormir de noche todo el tiempo.
Estamos en el futuro ese, el que se imaginó
James Cameron calculo que en 1983
cuando hizo Terminator,
la uno.

El terremoto destruyó medio millón de viviendas
y después hubo un tsunami. Veo las ruinas por la tele
y también leo el nombre del océano.
Los desastres naturales
son de suceder mientras duermo.
Me voy a la cama
y todavía hay réplicas.

Daniela Pasik, en Atomos, Ediciones Tiramisú, 2010